Cómo cuidar un amigurumi (para que dure más que el sofá)

Ilustración de un ovillo de lana en un círculo turquesa, con hilos y círculos suaves de fondo

Metí un pulpo en la lavadora.

Fue en 2021, era mío (menos mal), y salió del tambor convertido en una cosa que mi sobrino describió como «una medusa triste». Centrifugado a 1.200 vueltas. El relleno se apelmazó en dos tentáculos y el resto quedó colgando como calcetines mojados. Desde entonces lavo los amigurumis de otra manera, y como me lo preguntáis mucho cuando os llevo un encargo, va aquí todo lo que sé.

Agua fría, jabón neutro, y las manos

Un amigurumi se lava en un barreño. Agua fría o tibia como mucho, un poco de jabón neutro (el de las prendas delicadas, o incluso champú suave), y apretar con las manos sin retorcer. Retorcer es lo que mata la forma. Piensa que dentro hay relleno, y el relleno tiene memoria: si lo estrujas mal, se queda mal.

¿Cuánto rato? Poco. Cinco minutos de remojo si está muy sucio, y aclarar hasta que el agua salga limpia. El olor a lana mojada es raro los primeros minutos. Es normal. Pasa.

El secado es donde se ganan las guerras

Nada de colgarlo de una pinza. Se seca en horizontal, sobre una toalla, dándole la vuelta una vez al día. En verano, dos días; en invierno puede irse a cuatro. Y lejos del radiador, que la fibra acrílica y el calor directo se llevan fatal.

Un truco que me enseñó una clienta (gracias, María, si lees esto): envolverlo primero en la toalla y apretar como quien hace un canelón. Saca muchísima agua sin deformar nada.

El pelillo de la lana

Con los meses, algunos amigurumis crían una pelusilla, sobre todo si duermen con alguien que los achucha. Se quita con un quitapelusas de los de jersey, pasándolo flojito. No lo hagas con la maquinilla a tope: me consta que alguien rapó una oveja de ganchillo hasta dejarla escaldada. No diré quién.

¿Y si lleva ojos de seguridad?

Los ojos de seguridad aguantan bien el agua. Lo que no aguanta tan bien son los mordiscos de un bebé con dientes nuevos, así que si el muñeco es para menores de tres años, pídelo con ojos bordados. Yo ya los hago así por defecto para los peques, por si acaso.

Una cosa más y acabo. Si el amigurumi se deforma con los años, casi siempre se arregla: se descose un poquito la base, se recoloca el relleno, se cierra. Es coser y cantar. Bueno, es coser. Y si no te ves, me lo traes y le hago yo la operación.

El pulpo medusa, por cierto, sigue en casa. De recordatorio.

¿Te ha inspirado?

Convierte la idea en una pieza única hecha a mano.