Cinco años tejiendo por encargo: lo que nadie me contó
En abril de 2020 yo no sabía hacer una cadeneta.
Lo digo tal cual porque a veces la gente se piensa que esto viene de familia, de una abuela tejedora y una infancia entre ovillos. Pues no: viene de un confinamiento, un tutorial a trompicones y la necesidad urgente de hacer algo con las manos que no fuera mirar el móvil. La primera semana me salió una cosa que en teoría era un cuadrado. En teoría.
Cinco años después vivo rodeada de ovillos (cuarenta y tres, los conté el otro día por hacer inventario y me arrepentí a medias) y esto que empezó como una chispa es mi rincón de trabajo, mi historia y mi manera de estar en el mundo. Algunas cosas que he aprendido y que nadie me contó:
Que lo difícil no es tejer. Tejer se aprende. Lo difícil es ponerle precio a tus horas sin sentirte culpable, decir «no llego» cuando no llegas, y no regalar el trabajo a base de descuentos por miedo. Eso no viene en ningún patrón.
Que los encargos son conversaciones. El mejor momento no es acabar la pieza: es el mensaje de tres días después, con la foto del peque dormido abrazado al muñeco. Tengo una carpeta en el móvil con esas fotos. Los días torcidos, la abro.
Que deshacer no es fracasar. He deshecho mantas enteras a medio hacer porque el color no era. Duele un rato, y luego tejes mejor. Si esto tiene moraleja aplicable a la vida, que cada cual se la saque; yo solo hablo de mantas.
Que el cuerpo pasa factura. Muñeca derecha, cervicales, y esa postura de gamba que se te queda después de tres horas con el ganchillo. Ahora hago pausas, estiro, y tengo una alarma que se llama «levántate, Babou». Le hago caso un 60% de las veces.
Que no se acaba nunca de aprender. El año pasado me atasqué con una técnica de colores que se llama tapestry y me tuvo dos semanas enganchada y enfadada a la vez. Así ando todavía con alguna cosa nueva cada pocos meses. Menos mal.
No sé dónde estará esto dentro de otros cinco años. Sé que la caja de restos de lana que «algún día usaré» seguirá creciendo, porque eso es ley de vida tejedora.
Gracias por estos cinco años. En serio. Y si alguna vez has pensado en encargar algo y no te has atrevido, este es el momento de estrenar los siguientes cinco.