Manualidades de verano para peques, probadas con un niño de cuatro años muy sincero
Mi control de calidad se llama Biel, tiene cuatro años y una sinceridad que ya la quisieran algunos críticos de arte. Si una manualidad le aburre, la suelta y se va. Sin despedirse. Este verano le he puesto a prueba unas cuantas ideas de la sección de manualidades y este es el veredicto del jurado.
Piedras pintadas: aprobado con matrícula
Recogimos piedras planas en la riera un sábado por la mañana, y por la tarde las pintamos en la terraza. Témpera, pinceles gordos y un bol de agua que acabó de color pantano. Biel pintó «un tiburón enfadado» que era claramente una mancha gris, y me da igual: lleva desde julio en la estantería de su habitación y ahí seguirá.
Truco de tía: pintad por la tarde, que el sol de mediodía seca la témpera en el pincel antes de llegar a la piedra.
Collares de pasta: aprobado por los pelos
Macarrones, cordón de zapatilla y colorante alimentario. Lo del colorante fue idea suya y tengo una cuchara de madera azul que lo certifica. El collar se lo regaló a su madre «para cuando vaya de boda». El nivel de concentración enhebrando macarrones, eso sí, duró unos veinte minutos, que en tiempo de cuatro años son como dos horas adultas.
Pintar con agua en la pared: el descubrimiento del verano
Esta es de las que no salen en los libros. Un cubo de agua, una brocha vieja, y a «pintar» la pared del patio. El dibujo aparece oscuro y se evapora en minutos, así que se puede volver a empezar infinitas veces. Cero manchas, cero material, y media hora larga de silencio creativo. Media hora. Los padres de criaturas de cuatro años sabéis lo que vale eso.
El fracaso: el móvil de conchas
En teoría, precioso. En la práctica, hay que hacer nudos pequeños con hilo de pescar, y unas manos de cuatro años ante un nudo pequeño generan una frustración volcánica. Lo acabé yo sola a las once de la noche, para qué mentir. Si vuestros peques pasan de seis años, quizás. Antes, ni lo intentéis.
Si probáis alguna, contádmelo por Instagram, que estas cosas me alegran el día. Y si el tiburón enfadado os parece una mancha gris, os equivocáis: es un tiburón enfadado.