Regalos para un recién nacido que no sean ropa

Ilustración de un paquete de regalo con lazo en tonos rosas, con hilos decorativos

Haced la prueba: preguntad a cualquier madre reciente cuántos bodies de la talla cero le regalaron. Mi prima recibió dieciocho. Dieciocho. El bebé los usó tres semanas, porque los bebés tienen la mala costumbre de crecer.

Trabajo haciendo detalles para bebés desde hace años y he visto qué regalos se guardan en una caja para siempre y cuáles acaban en el mercadillo de segunda mano del barrio. Va la lista de los que se quedan.

Un chupetero con su nombre. Es lo que más me piden y lo entiendo: es útil (el chupete deja de caerse al suelo del súper) y lleva el nombre del peque, que las primeras semanas todavía suena a nuevo. A los padres les hace una ilusión que no sabría explicar.

Un sonajero de ganchillo. Suave, lavable, y suena flojito en vez de taladrar. El clásico es el osito. El que más gracia me ha hecho tejer: una sardina, por encargo de una abuela de la Barceloneta que quería que su nieto «naciera sabiendo».

Una tarta de pañales. Sí, es pañales colocados en forma de pastel. Suena raro hasta que ves a los padres deshacerla mes a mes, porque los pañales se usan todos. Cero desperdicio, mucha foto.

Una mantita pequeña, no una grande. Las mantas de cuna grandes ya las compran ellos. La que triunfa es la mini, la de arrastrar por casa, la que con dos años seguirá yendo a todas partes hecha un cristo. Esa.

Y si el bebé ya lo tiene todo: algo para los padres. Una taza con la fecha de nacimiento, por ejemplo. Nadie piensa en los padres. Los padres lloran con estas cosas, os lo digo yo.

¿Lo que no regalaría? Peluches gigantes de feria. Ocupan media cuna, no se pueden lavar y a los bebés, sinceramente, les dan igual. El cariño no se mide en centímetros de peluche.

Si quieres algo con nombre y fecha, escríbeme con tiempo, sobre todo de octubre a Reyes. En noviembre mi mesa de la cocina parece una fábrica de duendes, y los encargos salen por orden de llegada.

¿Te ha inspirado?

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